01-11-2009

A Minor Variation from Billy Joel

Como el paparazzi. Me transformo en mirón de mí. Sin muletas ni bailes raros. Ya queda menos, y será quizá, mejor: una pequeña variación... ¡Qué canción más sexy!

"[...] For what's been causing my bad disposition?
Ain't nothing new with my blue situation
And nothing's fine it's just a minor variation

[...]

Ain't nobody's business, baby
Ain't nobody's worry darlin'
Ain't nobody's problem
No way to win when you've already been forgotten

[...]

Until I'm through with this blue situation
Pass me the wine, it's just a minor variation."

Grande Billy.

06-09-2009

Mrs. Jesus, Tori Amos

Caminando el otro día besé el suelo de mis queridas cintas y me encontré nuevamente- y enfatizo el nuevamente- con el bellísimo Scarlet's walk de Tori Amos: ¡qué hermosura de material! y que ganas de perderme en algún bolsillo o quizás en un capó desgastado de tantos amores apoyados o tal vez en alguna trillada manifestación pública y religiosa. Mi predilección cruza omnipotentemente el álbum y se llama Mrs. Jesus.
Mis pies vacilan y la nuca me duele, ¡pero en fin! valen más unos ojos vidriosos antes que la inagotable esperanza. Os dejo con el maldito veneno adictivo que se me incrustó en los hemisferios cerebrales cual neopren tosedor de infamia... ¡qué cosas son posibles de escribir cuando el primer impulso duerme en melodías desafinadas aún!
Cuando me logre escapar será mi himno. Acá una bellísima versión en vivo que camina sobre el agua y también el aire.




16-07-2009

Veintisiete

Parece que el amarillo accedió a tu grandeza. Y tu grandeza es demasiado grande para mi metro noventa. Rodé y me aparté rendido. Y ya nadie me conocía. Es que tenías todo tan asegurado y prometido: el camino visto y remirado y resaboreado hasta la tercera parte. ¡Es que nunca hubiese caminado tan seguro luego de eliminarme tan fácil en dos bocas! Y yo caí a la seguridad de tus brazos cortos pero imaginariamente torrentosos y a esa hermosa corta-vista de telar con motivo indigenista.
...Y nos zambullimos en las ZetaZ de mi hermana chica, no querías celebrar pero hice lo que pude. Accediste a medias. No sabía que te ibas a ahogar con mi voz, y eso que intenté tener tesitura y ritmo y oximoron, sobre todo ritmo. Que apareciste bailando y besando, y me mataste, me mataste de la vergüenza. Cuando tu corazón explote, escribe en un pedacito mi nombre. ¡Por favor! El mío ya estaba todo escrito, y cada uno de los miles de pedazos grabaron a la tinta roja la calle del norponiente, con la serpiente de tu inicial. Y me mataste, me mataste.
No sabes cuánto me entristezco cada vez que recuerdo los veintisiete segundos pasados. Son veintisiete segundos moribundos. Y no me ocurre todos los días, sino que a cada segundo. En uno y me encuentro 27 veces preso de la desolación del apartarme que te fue tan simple. No me niegues, mi querido Judas: que la saliva de mis labios caminó siempre de la mano de ese anillo pecador que no pensó en los cuatro caminos de plegaria y sacrificio. Ni los cuatro que había firmado seguro de un futuro entrambos.
Caminé a la altura de tus hombros y me rocé con la intensidad de tu aliento. No me afirmaste. Y me caí de tus hombros. Y me miraste con dos ojos virtualmente excitados y de plástico. Y me mataron. Me mataste con ese suplemento que no conocía. Y yo no quería ese suplemento ni ninguno. ¿Es mejor que sobre o que falte? Nada. Perfecto.

Y me tropecé a la mitad. Pero seguí.

Retocé al nivel de tu mandíbula y me encaminé al centímetro más íntimo de esa ruta ya reprobada. No me ocultes- supliqué. Y sacaste la voz. Pero no lograste escucharme. Camina al mundo. Yo soy tu mundo entrecorchetes. Seré el paréntesis más infinito de tu miserable vida.
Y lloré al amanecer del resfrío de tu olvidarme ese veintisiete.

Y el lamento se volvió mi rutina. Tú te volviste en los árboles nativos, en las luces de color y en las lanchas del mar. Y yo sólo me vomité por dentro.
Lo siento pero no podré abrazarte por millones de años ni ir al fin del mundo por ti. Ni siquiera esperaste a quel sol se rehusara a brillar ni que las montañas se derrumbaran al mar. No alcancé a mejorar mi voz. No alcanzaré a cantarte. No hablábamos música, parece. Una pregunta retórica: ¿alcanzaste a hacerme un espacio? Y sigues sin explotar.

Y el otro día no más caminando entre tubos,
y el otro día no más saltaste sobre mí,
y el otro día no más nos embarcamos al fin,
y el otro día no más hace segundos,
y en un segundo no más
me mata-
S
te.